Ramiro Viñuales: “Erradicar la pobreza es una decisión política”

Candidato a eurodiputado del PUM+J

ramiro-vinuales(María Gómez– Foto: Sergio Cuesta) Década de los 60 del pasado siglo; Marshall McLuhan, filósofo canadiense pionero en el estudio de los medios de comunicación: “El medio es el mensaje”. Año 2009, Madrid, a una semana de las elecciones al Parlamento Europeo, entrevista al candidato Ramiro Viñuales: el hombre es el mensaje. Posiblemente, a día de hoy, no hay en España un político que se crea más lo que dice que Ramiro, y tras una hora larga de conversación con él, no es temerario actualizar la máxima de McLuhan.

Apasionado, optimista y desbordado de energía, Ramiro Viñuales está cerca de convertirse en el primer ‘eurodiputado solidario’, lo cual es más que una feliz expresión. Abogado madrileño de 35 años, se reconoce novato en estas lides, pero tiene muy claro lo que quiere transmitir: “Nuestro mensaje es sota, caballo y rey: la pobreza es el principal problema de la humanidad; mil millones de personas viven en extrema pobreza. Pero existen recursos suficientes para combatirla, y no sería tan difícil, los hombres hemos hecho cosas más complejas. Nosotros somos la primera generación capaz de erradicar la pobreza, pero esto es una decisión política, y queremos que se tomen las decisiones en favor de las personas”.

Cuestión de justicia

Con este objetivo nació en 2004 el partido Por Un Mundo Más Justo (PUM+J), concebido e impulsado por Antonio Sieira, ingeniero de 36 años para quien Ramiro sólo tiene palabras de admiración. En aquella convocatoria de los comicios europeos, con apenas un mes de existencia, el PUM+J consiguió casi 10.000 votos, “una sorpresa y un espaldarazo altísimo”, recuerda Viñuales. En las últimas elecciones generales, obtuvieron 24.000 votos para el Congreso y 126.000 para el Senado. Ahora, contando con un ínfimo presupuesto de 5.000 euros para la campaña, necesitan entre 250.000 y 300.000 para que Ramiro pueda llegar a Estrasburgo y servir a este proyecto. “Queremos estar en el seno de las instituciones, para, con el lenguaje de los votos, informar a las administraciones y a los gobiernos que realmente van a tomar las decisiones. Nosotros siempre estaremos en cuotas de poder muy bajas, pero podremos defender ideas, informar y tener voz, porque somos la voz política de mil millones de personas”. El candidato aporta mil y un datos sobre estadísticas de mortalidad infantil, escolarización en países subdesarrollados, exportación de armas, la deuda externa, la ayuda oficial al desarrollo, los Objetivos del Milenio, el comercio internacional… “Sí, me dicen que tengo buena memoria”, sonríe.

A nivel personal, su posible nueva ocupación le obligaría a dejar su actual trabajo en la Fundación Taller de Solidaridad (ONG de las Siervas de San José) y a esforzarse un poquito más por compaginar su labor de político con la de marido y padre de los pequeños Yago y Adrián. “En mi escaño estaré arropado por mil millones de personas -reitera-. No tengo miedo, porque miedo es el que tienen los 26.000 niños que se van a morir hoy y sus padres. Nervios, quizá, por la responsabilidad; desconocimiento de cómo se juega en Europa, sin duda. Pero aprendo rápido. Y a los niños se lo explicaré con cariño y normalidad”.

¿El Obama español? “Prefiero a don Quijote, porque él soñaba, pero con una profunda sensibilidad humana, y a veces creo que se sentía incomprendido. Obama no se siente incomprendido, ha generado un movimiento de ilusión espectacular. Yo tampoco soy un iluminado, sino que creo en el objetivo del partido”.

Si las urnas no arrojan el resultado que desean, Ramiro considera que deberían hacer un análisis serio en el seno del partido, pero asegura que “no podemos rendirnos”. Siendo sinceros, de momento casi no lo contempla: “Si el mensaje llega a la sociedad, va a calar. El PUM+J no deja indiferente, es imposible. Te toca la fibra sensible, te llega al corazón y te transforma. Yo me siento orgullosísimo de lanzarme en esta aventura”.

En esencia

Una película: Slumdog Millionaire, de Danny Boyle.

Un libro: El principito, de Saint-Exupéry.

Una canción: Esta vida, de Jorge Celedón.

Una persona: mi madre.

Un recuerdo de infancia: mis abuelos.

Un rincón del mundo: Turkana (Kenia).

Un deseo frustrado: ser médico.

Un sueño: un mundo sin pobreza.

La última alegría: el nacimiento de mis hijos.

La mayor tristeza: la muerte de mi amigo Raúl.

Una aspiración: servir al empobrecido y ser buen padre y marido.

Un regalo: un libro.

Un valor: la solidaridad.

Que me recuerden por… haber intentado ayudar al que ha estado a mi lado.

En el nº 2.663 de Vida Nueva.

Actualizado
05/06/2009
Compartir