Jacobo Muñoz: “De san Pablo me impresiona su fuerza y coherencia”

Actor

jacobo-munoz(Texto: Marina de Miguel– Foto: San Pablo Multimedia) Las luces de Madrid se van apagando para no ahuyentar a los sueños, que poco a poco se apoderan de todo. Es en la hora bruja cuando Jacobo Muñoz se sumerge en la lectura de los Hechos de los Apóstoles para encontrarse con san Pablo, quien le dará la oportunidad de protagonizar su primera película, previa intercesión de la Providencia, la corazonada de un buen amigo y la confianza del director Pablo Moreno. “Un amigo envió unas fotos mías al director. No creí que me fueran a elegir, la verdad”, confiesa mientras que, con el mismo espíritu trotamundos del llamado apóstol de los gentiles, se traslada a Ciudad Rodrigo (Salamanca), donde cada tarde de este mes de mayo se rueda Pablo de Tarso. El último viaje. Se trata de una retrospectiva de la vida del santo, quien pasó de perseguidor del cristianismo a ser pieza clave en su expansión. El largometraje arranca en la cárcel, momentos antes de que sea martirizado.

Gran comunicador

El proyecto, producido por la Editorial San Pablo y Contracorriente Producciones, llegará a las salas de cine el próximo otoño, aunque ya está dejando un enriquecedor poso en el intérprete madrileño. “La oportunidad de ahondar más en esta importante figura y llevarla a la gran pantalla está aportando mucho a mi propia persona y a mi fe -asegura-. Me sorprendió la fuerza y coherencia de Pablo, pues una vez que sabe cuál es su misión, apuesta por ella, aunque su vida esté en juego”. También admira sus “conocimientos de marketing, ya que sabía desde donde debía comunicar para extender el mensaje de Jesús lo más posible”.

Como ya hiciera en los musicales de teatro El nombre de la infanta Carlota y Antígona tiene un plan (donde fue nominado como mejor actor protagonista en los Premios MAX de 2007, junto a Josep Maria Pou y Eduard Fernández), ha recurrido a su propia materia prima, potenciando algunas cualidades y ocultando otras. A su vez, cuenta con la ayuda de Pablo Moreno para encarnar, de la forma más honesta posible, a este “héroe moderno de múltiples facetas”, como le define el cineasta. “Me considero un actor moldeable, me adapto a las indicaciones del director. A él le pertenece cualquier mérito o reconocimiento que yo pueda tener “. 

Quizás se encuentre en esta capacidad la razón por la que actualmente toca todos los palos de la interpretación, a costa de ir por la vida como un auténtico torbellino. Por las mañanas sube el telón del Teatro de Madrid con El Oso, de Chejov. Sin apenas un respiro, se dirige a Intereconomía TV para grabar el programa de humor Blog Show. Y, acto seguido, viaja a la Roma del siglo I en que se ha convertido la comarca salmantina. La noche es propiedad de san Pablo… y, por supuesto, del descanso. En definitiva, la agenda de quien aspira a “seguir trabajando siempre”. “Me da igual ser eternamente un personaje secundario. No me convence lo de la fama, obliga a poner metas más altas que las que puedo alcanzar”. 

Actúo -prosigue-, porque esta es la profesión a la que me quiero dedicar. Me aporta lo mismo que a alguien al que le guste su trabajo: momentos de felicidad”. 

En cuanto a la vida, tiene claro cuál es su objetivo: hacer feliz a su mujer y seres queridos. “Como católico, mi propósito es ser santo. Hace falta coherencia, una cualidad de la que me gustaría haber heredado algo de este personaje”.

Antes de que salgan los créditos finales de esta entrevista y Jacobo Muñoz se ponga a las órdenes del director, una última pregunta: ¿Qué espera de esta película? “Tan sólo que el público disfrute de una buena historia. Y, si tiene la inquietud por conocer más de san Pablo, mi objetivo estará cumplido”. Silencio y… acción. 

En esencia

Una película: La vida es bella, de Roberto Benigni.

Un libro: La historia interminable, de Michael Ende.

Una canción: Nothing else matter, de Metallica.

Un rincón del mundo: cualquiera de Camboya.

Un deseo frustrado: ser futbolista.

Un recuerdo de la infancia: La playa Mar de Cristal, en Cartagena.

Un deporte: el tenis.

Una aspiración: hacer feliz a mi mujer.

Una persona: mi padre.

La última alegría: Pablo de Tarso, el último viaje.

La mayor tristeza: que la gente sea incoherente.

Un sueño: una buena escuela de interpretación en Madrid.

Un regalo: regalices rojos.

Un valor: la coherencia.

Me gustaría que me recordasen por: con que mis seres queridos me recuerden, tengo suficiente.

En el nº 2.660 de Vida Nueva.

Actualizado
15/05/2009
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