San Egidio: La comunidad de los hombres de paz

san-egidio(Darío Menor– Roma) Quedan unos minutos para llegar a las ocho y media de la tarde y la basílica de Santa María del Trastévere, en el corazón de este sabroso barrio de Roma, comienza a llenarse de gente. Llegan parejas jóvenes, grupos de amigas charlatanas, algún muchacho recién salido de la ducha y una señora que intenta pasar desa- percibida mientras se sienta en uno de los últimos bancos. Puntuales, a las ocho y media, dos chicas se levantan y comienzan a cantar. Los presentes les imitan y todos rezan juntos y alegres.

andrea-riccardi-y-el-papaEsta estampa se repite cada tarde y constituye el latido diario de la Comunidad de San Egidio. El rezo en compañía es el momento de reflexión y convivencia para los miembros de este movimiento laico, al que están adheridas más de 50.000 personas en 70 países. Nacida en 1968 al calor del fervor que caracterizó a los años posteriores al Vaticano II, la Comunidad se ha convertido en sus 40 años de historia que ahora conmemora en un símbolo del diálogo por la paz. Es gracias a su fructífera mediación en decenas de conflictos armados por lo que es conocida como la “ONU del Trastévere”. A Matteo Zuppi, sacerdote de la basílica de Santa María del Trastévere y elemento hiperactivo de la Comunidad, le hace gracia el sobrenombre, aunque no acaba de hacerlo suyo. “Nos gusta la idea de que las cosas grandes también las puedan hacer los pequeños, es algo muy evangélico. Pero nosotros no somos la ONU ni competimos con ella. Somos, sobre todo, hombres de paz y, en algunas ocasiones, pacificadores. La paz necesita muchas manos”, asegura a Vida Nueva

Labor de mediación

El contexto en el que el P. Zuppi, o Don Matteo, como le dicen todos, explica la labor de la Comunidad de San Egidio prueba que sus palabras no están huecas de significado. Su despacho está forrado por estanterías repletas de libros en varios idiomas y que tratan tanto de religión como de política internacional. En la cálida mesita donde recibe a los que le requieren sin cesar, descansa la tarjeta de visita de la última persona que le pidió una entrevista: un estudioso del norte de Europa. En la sala contigua esperan su turno para hablar con él varios sacerdotes recién llegados de la R. D. del Congo. Quieren solicitar a la Comunidad que medie en uno de los sangrientos conflictos que desangran a su país. Impacientes también por hablar con él, varios pobres aguardan a que el sacerdote les proporcione la ayuda que, todos los días, este movimiento ofrece a los más desfavorecidos. Mientras atiende a unos y a otros, no cesan de sonar los teléfonos de su despacho y su móvil. Todo el mundo quiere hablar con Don Matteo. 

san-egidio-2El primer gran éxito internacional de la Comunidad de San Egidio fue en Mozambique. “Nuestra mediación entre el Gobierno y la guerrilla hizo que nuestro nombre suscitara esperanzas. Desde entonces, hemos intervenido en Uganda, la región sudanesa de Darfur, los Balcanes, R. D. del Congo, Costa de Marfil, Sri Lanka, Colombia… Es difícil cumplir con las expectativas tan positivas que a veces se crean, ya que llegamos a situaciones muy complejas. En estos 40 años de historia hemos tenido fracasos como el de Uganda, por ejemplo, donde después de tanto esfuerzo la lucha ha vuelto a comenzar”, reconoce. 

La mediación de la Comunidad de San Egidio llega la mayoría de las veces por medio de una petición, bien de las Iglesias locales o de individuos o asociaciones que buscan la paz para sus regiones en conflicto. “Nosotros intentamos hablar con todos”. Una de estas solicitudes arribó a la “ONU del Trastévere” desde las diócesis del País Vasco, empeñadas desde hace décadas en acabar con el cáncer del terrorismo etarra. “Siempre mantuvimos un hilo de diálogo. El hecho de que, al final, ETA decidiera romper la tregua supuso un dolor para nosotros y la asunción de que habíamos perdido una oportunidad. Desde entonces no hemos recibido ninguna solicitud para mediar. Ahora, la situación se ha deteriorado y no pienso que haya espacio para el diálogo”, cuenta Don Matteo. 

san-egidio-31Si la mediación por la paz es la faceta global más visible de la Comunidad de San Egidio, su dedicación por los pobres es su empeño más local. La solidaridad con los desfavorecidos es uno de los puntos cardinales de su ideario. En el barrio de Trastévere, en Barcelo- na, en Kinshasa o en cualquier lugar donde esté presente este movimiento hay un servicio gratuito para los necesitados, siempre con la célebre cita de Juan XXIII presente: “La Iglesia es de todos, pero particularmente es la Iglesia de los pobres”. Inmigrantes, ancianos, familias desestructuradas, indigentes, presos, discapacitados o cualquiera que lo necesite puede encontrar ayuda. Un ejemplo interesante de la asistencia que San Egidio ofrece son los pisos tutelados para ancianos. En lugar de optar por grandes residencias, la Comunidad prefiere apoyar a las personas mayores para que sigan viviendo en sus casas mientras sea posible. Para solventar las carencias en su autonomía cuentan con la dedicación de sus voluntarios y la cooperación de los vecinos.

Volcados en el hombre

La crisis económica ha multiplicado las peticiones de ayuda. Italianos que antes llegaban a duras penas a final de mes deben ahora acudir a la Comunidad para salir adelante. Igual les sucede a los inmigrantes, vilipendiados por el Gobierno de Silvio Berlusconi y defendidos con ahínco por este movimiento laical. “La presencia de extranjeros en Italia es muy positiva. La gente dice ahora que los inmigrantes les han robado el trabajo, lo que es totalmente erróneo ya que los estudios muestran justo lo contrario. La inmigración es un motivo de esperanza para un país”, explica Don Matteo. Junto a la revista Famiglia Cristiana y al arzobispo Marchetto, secretario del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes, San Egidio es la punta de lanza de la crítica que la Iglesia está haciendo desde Roma a las duras políticas migratorias de los países europeos. “Es una mezcla entre ignorancia y cerrazón. En Italia es una vergüenza lo que está pasando con los gitanos. De la crisis económica no salimos cerrándonos, sino abriéndonos y creando nuevas oportunidades”, propone Don Matteo. 

matteo-zuppiLa cercanía a los extranjeros, a los pobres y a todos los que sufren está en el ADN de San Egidio. Así fue como nació el movimiento, impulsado por un jovencísimo Andrea Riccardi y un pequeño grupo de amigos y estudiantes como él. Ninguno podía imaginar que aquellas reuniones iniciales iban a llevar el nombre de San Egidio (tomado de un convento del Trastévere) a todo el mundo, siendo incluso el movimiento candidato al Nobel de la Paz y recibiendo numerosos galardones. Don Matteo lo explica por la “profunda convicción por vivir de forma humana la dimensión evangélica”, lo que lleva a los miembros a “volcarse con el hombre concreto, con el necesitado”. “Trabajamos por el diálogo y por el humanismo que significan, por ejemplo, el trabajo por la paz o por la conciliación en las naciones africanas. Otra manifestación de esta convicción es la acogida a los ancianos o a los inmigrantes”. 

Este irrefrenable deseo por dialogar ha hecho que la Comunidad de San Egidio sea un destacado interlocutor en el campo ecuménico e interreligioso. Esta vocación fue palpable en el encuentro organizado en Malta el 18 de noviembre de 2008, año en que el movimiento inició la celebración de su 40º aniversario. La reunión seguía el camino marcado por Juan Pablo II en 1986, cuando reunió en Asís a líderes de las distintas religiones para concienciarles sobre el riesgo de enfrentamiento entre las civilizaciones. El Papa apostó entonces por la convivencia y por situar a las diversas confesiones como responsables del desarrollo de la paz en sus respectivas sociedades. Estas máximas han sido hechas suyas por la Comunidad de San Egidio. El próximo encuentro tendrá lugar en la región polaca de Cracovia y llevará a los asistentes al campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau. Si no se produce un cambio en el programa, la visita tendrá lugar el 1 de septiembre, día en que se celebra el 70º aniversario de la Segunda Guerra Mundial y que, curiosamente, coincide con la fiesta de San Egidio. Para Riccardi, presidente y fundador de este movimiento, será un momento emotivo. El acudirá a Auschwitz-Birkenau, con el espíritu impulsor de la Europa unida, y también como flamante galardonado con el Premio Carlomagno, que distingue la labor desempeñada en favor de la construcción europea. 

dmenor@vidanueva.es

En el nº 2.659 de Vida Nueva.

Actualizado
08/05/2009
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