Francisco Ruiz Redondo: “Un cristiano ha de ser inconformista”

Párroco de Buitrago (Madrid)

fco-ruiz-redondo(Miguel Ángel Malavia) Francisco Ruiz Redondo, tras 53 años ejerciendo su sacerdocio en el que ya es su pueblo, ha recibido el merecido homenaje en forma de libro. Buitrago, su cura y la sierra llamada pobre, escrito por su amigo Francisco Pérez Carrión, graba en tinta la historia de un hombre que ha dedicado su existencia a mejorar la vida de los que le rodean. Nacido en 1929 en Ventilla (Madrid), su infancia fue feliz en el seno de una familia modesta en la que sus padres tuvieron que sacar adelante a cinco hijos. Teniendo clara su vocación y después de 11 años en el seminario, en 1954 fue ordenado sacerdote, siendo su primer destino Alpedrete. 

Mis superiores pensaron que aquel sitio era demasiado bueno para mí -bromea Francisco-, por lo que dos años después me enviaron a Buitrago, a la llamada sierra pobre, para que me curtiera como cura”. Sin embargo, lo que debía haber sido una etapa de transición y aprendizaje -desde el Obispado le ofrecieron el cambio en varias ocasiones, pero él siempre respondía que allí tenía mucho trabajo-, para este cura ha sido su vida. ¿Qué fue lo que tanto le atrajo del pueblo? “Su gente. Cuando llegué, había una situación de postración generalizada. Casi no había trabajo, ni esperanza, por lo que la mayoría se veía obligada a marcharse. Sabía que yo, como su cura, tenía que hacer algo”. Fue entonces cuando comenzó una incesante carrera por ayudar a levantar el pueblo. Primero empezó por lo más sencillo: creó un grupo de teatro, una rondalla, jugaba al fútbol con los chavales… “Decían que era bueno. Me llamaban Di Stéfano“, recuerda con una sonrisa.  

Pero su sueño empezó realmente en 1961, con la creación de la ‘Escuela Profesional Santa María del Castillo’. Casi sin medios, logró levantar un colegio en el que enseñar un oficio a quien no lo tenía. “En poco tiempo, comenzaron a venir jóvenes y adultos. Y de otras provincias, como Segovia, Guadalajara o Toledo. Alcanzamos los 450 alumnos, que salieron de allí siendo fontaneros, electricistas o carpinteros”. 

Constructor

Sin embargo, él sabía que una profesión no garantizaba el trabajo. En Buitrago no había demanda laboral. Por eso fue él mismo el que la fomentó: creó una constructora, a través de la cual levantó 25 casitas de verano y 36 viviendas. “Alguno pensaba que me hacía rico, pero lo vendía todo -por 130.000 pesetas, sin intereses y con todo tipo de facilidades- y lo volvía a invertir en otros proyectos, para la gente”. Y así era. Las pretendidas ganancias no eran sino deudas y más deudas. Para él y sus colaboradores. Entre otros, destaca especialmente el caso de Antonio Fernández Casado y su mujer, doña Maruja. Éste, como director de la escuela, “sabía que muchos meses tenía difícil cobrar a tiempo… y lo aceptaba sin problemas”. Pero Francisco no quería complicar la vida a nadie más de lo necesario y por eso buscaba ayudas a través de las instituciones. “Todos me decían que estaba loco, que era imposible lo que quería hacer”. Aunque él siempre siguió luchando. Muchos le recuerdan viajando a Madrid cada semana, acudiendo a pedir préstamos y subvenciones a bancos o al propio Ministerio de Trabajo. Como no tenía coche, se buscaba la vida haciendo autostop.  

Así fue como construyó un hospital, una residencia de ancianos… y una iglesia. Tras derruirse la antigua, en 1980 puso en marcha la ‘Escuela San Francisco de Asís, sin libros y sin pupitres’, que llamó así para atraer a chavales problemáticos que, además, no querían estudiar. Se inscribieron 120 de toda España. Tras muchos años de esfuerzo, en el 2000 pudieron al fin inaugurar lo que es una iglesia muy especial: de estilo neomudéjar, contiene numerosos elementos islámicos, judíos y ortodoxos. “Porque Jesús se dirigió a todos los hombres y hemos de abrirnos a nuestros hermanos”. Lo cierto es que es un templo cada vez más conocido y visitado. Entre otras cosas, para escuchar sus homilías, que ofrece a diario, y en las que, con un tono sencillo, apela con fuerza a que el cristiano de hoy sea “un inconformista, que luche cada día por un mundo mejor”. 

En esencia

Una película: no he tenido tiempo para ver películas.

Un libro: las cartas de san Pablo. 

Una canción: Tú has venido a la orilla.

Un rincón del mundo: Buitrago. 

Un deseo frustrado: ninguno. 

Un recuerdo de la infancia: el padre Cano, jesuita, quien influyó mucho en mi vocación. 

Una aspiración: ser fiel a Dios. 

Una persona: son tantas… 

La última alegría: permanecer en este rinconcito del mundo. 

La mayor tristeza: no haber mencionado lo suficiente a Antonio Fernández Casado en el libro. 

Un sueño: que los curas de pueblo tengamos ilusión.

Un regalo: seguir teniendo fe y que crezca.

Un valor: reconocer la importancia de Dios en la vida. 

Que me recuerden por: haber combinado mi condición de cura con la implicación social. 

En el nº 2.657 de Vida Nueva.

Actualizado
24/04/2009
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