Pascua, tiempo para renovarse juntos

Familias y jóvenes secundan diversas iniciativas en estas fechas

pascua-1(Marina de Miguel / Victoria Lara) Recogimiento espiritual, hacer vivo el Evangelio, compartir testimonios de fe… Son muchas las maneras de vivir el tiempo de Pascua en toda su esencia, rompiendo con la apretada agenda cotidiana para construir un espacio dedicado al sosiego y la oración. Congregaciones, movimientos e instituciones religiosas organizan diferentes iniciativas por toda España que se adaptan a las inquietudes y necesidades de cada uno.

“Mamá, ¿este año no vamos a la Pascua Familiar?”. Las hijas de Gloria Weingartshofer esperan con ansiedad el encuentro que los salesianos de Barcelona organizan cada año para vivir con intensidad este tiempo de fe. No en vano, acuden desde 2001, en que tenían uno y diez años. “Sólo en una ocasión tuvimos que faltar por una cuestión de fuerza mayor y fue muy fuerte para ellas”, apunta. Uno de los aspectos positivos de esta iniciativa es que no hay ningún límite de edad. “Podemos pasar juntos las Pascuas de forma diferente, aislarnos de la rutina y reflexionar sobre las cuestiones cotidianas desde la luz del Espíritu, el amor y la paz que nos trajo Dios”.

pascua-2También valora del retiro -que en esta edición se celebra del 9 al 12 de abril en la Finca Tamarit (Tarragona)- la separación por grupos de edad (niños, adolescentes, jóvenes y adultos). “Lo principal es compartir con otras familias, ya que enriquece ver otras vivencias”. Esto resulta igual de gratificante para los pequeños, pues, según la experiencia de sus hijas,”viven una realidad buena, con opciones potables, ven que el mundo puede ser diferente”, añade.

Desde hace unos años, forma parte del equipo organizador de estas jornadas. “Primero íbamos de oyentes, pero luego tuvimos la necesidad de aportar algo. Tanto recibimos de estas Pascuas que queríamos dar algo también”.

Con respecto a esta edición, cuyo lema es Batega! (Late), espera apasionarse un poco más del amor de Jesús. “Sencillamente, apasionarnos con lo que nos vino a enseñar: que podemos ser felices amándonos los unos a los otros”. Rafel, miembro del equipo coordinador y cura de las celebraciones, explica un poco la temática de cada día. Late un corazón que quiere compartir, lavar los pies (Jueves Santo); vivir en paz (Viernes Santo); y buscar alternativas para vivir según el Evangelio (Sábado Santo). 

En la misma línea está la convivencia organizada por la Institución Teresiana Levante Sur en la Casa de espiritualidad Juana Mª Condesa, en Almansa (Albacete), con la que invitan a “profundizar en la liturgia pascual compartiendo la vida”. “Creemos que ver el testimonio de oración de los otros sirve para ampliar nuestro horizonte, ayuda a profundizar en la propia vivencia de la fe”, afirma Mª Paz Cardona, una de las responsables del encuentro, que se celebrará del 9 al 12 de abril. La invitación de Jesús “a permanecer unidos a Él, que es la vid verdadera”, es el eje temático de esta edición abierta a todo el mundo y para la que están disponibles 51 plazas para adultos y 40 para niños. “Aquí, la familia se hace extensiva: la de los demás también es la nuestra”, explica, indicando que siempre se mantiene una flexibilidad por si una familia no quiere asistir a una celebración. 

Silencio y recogimiento

pascua-3Hace más de 15 años que la comunidad trinitaria del Monasterio de Suesa (Cantabria) ofrece una celebración donde el silencio y la soledad son fundamentales. “Nos definimos como una comunidad que avanza a impulsos pascuales, y esos días son esenciales en nuestro caminar comunitario”, explica la superiora, María José Sotorrío, a la vez que añade que para ellas este tiempo comienza con la Cuaresma, porque siempre está enfocada en función de la gran fiesta de la Pascua.

El centro del Triduo son las celebraciones litúrgicas, y en torno a ellas giran el resto de las actividades. La hospedería del monasterio se reserva para todo aquél que quiera compartir con la comunidad “el tiempo, espacio, la forma de celebrar o de orar”. Semanas antes del comienzo, se envía a los participantes una carta con el lema y una motivación. A su vez, en el despacho de trabajo se apuntan en una pizarra los nombres de todos los que van a asistir con el propósito de sentirlos más cerca.

“Tanto para la gente que viene como para cada monja -prosigue- es una experiencia fundamental, por la intensidad de lo que celebramos”, prosigue la religiosa trinitaria destacando la Gran Vigilia Pascual, “una celebración sin prisa, llena de música, símbolos, danzas, de la Palabra de Dios”.

El Monasterio de Valvanera, en La Rioja, también es el escenario de una de estas formas diferentes de vivir la Semana de Pasión. Los monjes benedictinos que lo habitan ponen, cada año por estas fechas, a disposición de religiosos y/o seglares (pero siempre varones), las habitaciones individuales de que disponen en el convento de clausura para aquellas personas que deseen vivir unos días de retiro espiritual. Este año, tres laicos van a participar en esta experiencia y compartirán el quehacer diario con los miembros de la Orden de los Padres Benedictinos, que se dedican a la oración y a la custodia de la imagen de la Virgen de Valvanera, patrona de La Rioja. 

pascua-4Según el prior, Jesús Martínez de Toda, los huéspedes no tienen la obligación de acudir a todos los oficios que realizan los monjes, pero la mayoría suele hacerlo. Así lo ratifica Miguel Ángel Pérez, comercial de Tarazona, que lleva ya 15 años pasando la Pascua con los benedictinos: “Ellos no te obligan a nada, lo que sí te piden es orden general, ser puntual en las comidas… Colaboramos con ellos en los oficios, pero luego nos vamos a caminar por los alrededores cuando acabamos de rezar”. La experiencia es para él muy gratificante: “Me aporta tranquilidad, paz y sosiego (…) Te reconcilias contigo mismo, con tu espíritu”. En los últimos años, ha conseguido “arrastrar” a dos amigos, que le suelen acompañar . 

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Por otro lado, quienes se alojan en la hospedería que posee el Monasterio -con un total de 28 habitaciones- también comparten con los monjes y con estos “visitantes” algunos de los momentos más importantes del Triduo Pascual. Uno de esos momentos tiene lugar el Sábado Santo por la noche, cuando las familias que se hospedan allí participan en la celebración de la Pascua de Resurrección, tras lo cual, huéspedes y monjes se reúnen en la hospedería y disfrutan de un vaso de vino o licor acompañado de trufas.

También en un entorno monacal, pero enfocado a una población mucho más joven, los misioneros redentoristas organizan cada año la Pascua de Desierto y Reflexión en Miranda de Ebro (Burgos), en el magnífico enclave del Monasterio del Espino. Pedro Guembe es el sacerdote responsable y organizador de esta iniciativa, en la que suelen predominar el silencio contemplativo y la celebración pausada y participativa. 

En la ciudad

pascua-5Esta experiencia consiste en vivir el encuentro pascual al estilo de María Magdalena, “en el ámbito personal y en el sentido misionero de una fe desnuda que te lleva a la Iglesia”, explica Guembe. “El día se desarrolla sin agobio: una oración matinal bien preparada. Luego hay una breve charla para entonar algo la reflexión del día, y con material bíblico, cada uno se retira a leer, a perderse en el misterio a solas, en el templo o capillas del Monasterio, o en el campo. Se come de bocadillo. Antes de las celebraciones hay una comunicación de luces encontradas o vivencias personales expuestas con libertad”, añade el sacerdote.

Él nos explica lo que aporta al cristiano esta manera de vivir la Pascua: “El silencio interior y el desierto (donde sólo estás tú) con la Palabra en el corazón es la Sabiduría de Dios frente al ruido, vértigo, prisas donde no se encuentra nada sano. Mucha gente no sabe cómo ser feliz: el desierto calmado es una pista para llegar al interior personal donde se encuentra la fuente de la felicidad”. De esta manera, los jóvenes que participan “descubren que Jesucristo no es una broma ni un pasatiempo de moda como casi todo lo de hoy… Descubren que Jesús es Alguien que te ofrece todo y te pide todo”. 

Otros jóvenes prefieren vivir la Semana Santa sin alejarse del contexto cotidiano donde se desarrolla su vida: la ciudad. Para ellos hay iniciativas como la que ponen en marcha cada año los jesuitas en Valladolid: una Pascua Urbana para universitarios. Además de la oración y la celebración de la liturgia, los participantes -una media de unas 35 personas, de la capital vallisoletana y de otros puntos de España- comparten su tiempo y sus oraciones con los presos, los enfermos o los ancianos. Así, según el jesuita José María Rodríguez Olaizola, “se hace real lo que estos días rezamos, hablamos o escuchamos sobre el amor, el servicio, el dolor, el compromiso, la soledad o la búsqueda de motivos para seguir esperando…”.

En el nº 2.655 de Vida Nueva.

Actualizado
03/04/2009
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