Jose Vergara: “Quería que se viese que somos normales”

Profesor de Religión y concursante en ‘Pekín Express’

(Vicente L. García) Si le gustaba ya de inicio, tras la experiencia vivida mira con “envidia” a los “elegidos” de los nuevos reality shows de aventura que aparecen en las televisiones. Es Jose Vergara Chopitea, natural de Vitoria-Gasteiz, 40 años, casado, dos hijos, profesor de Religión de Secundaria en el Instituto público Badaya de Nanclares de Oca (Álava) y, junto a Oier Quesada, ex alumno y compañero en la aventura, uno de los finalistas del programa ‘Pekín Express’, recientemente emitido por Cuatro

En todo momento -y los responsables del programa tomaron buena nota- Jose dejó patente su condición de creyente y su vocación como profesor de Religión. Esta circunstancia se dejó ver en el programa y en los momentos en que las cámaras cerraban su lente. Pasados unos meses de aquella aventura, comparte para Vida Nueva los aspectos más humanos y religiosos.

Quizá lo más positivo de una experiencia de este tipo es el contacto con las personas: las que trabajan en estas movidas, desde los cámaras hasta el personal de producción y dirección. Conservo un gran recuerdo en este aspecto. Pero también de las personas que te cruzas en el camino. A esto habría que añadir la oportunidad de conocer otras culturas, otros modos de vida, y todo ello de una manera muy particular que, probablemente, no llegarías a realizar si hicieses el mismo viaje pero por tu cuenta”.

Jose asume también la parte menos positiva de esta historia, que era el hecho de verse inmerso en un producto televisivo, un negocio mediático. “No obstante, la parte de show, de espectáculo, la da la persona y depende de cada cual el juego que quiera dar y el dónde, cómo y cuándo”.

Para Jose era importante poner de manifiesto tanto su condición de creyente como de profesor de Religión, “aun a riesgo de que algún sector de la Iglesia criticase mi participación en el programa. Pero sí contemplaba entre mis objetivos el dejar ver que los creyentes somos personas normales y la posibilidad de plantear ese juego de convivencia desde los valores que yo he heredado y que se encuentran fundamentados en la persona de Jesús de Nazaret. Por otro lado, no dejaba de ser también un ejercicio de coherencia con todo aquello que yo intento transmitir a mis alumnos cada día”.

Ratos con Dios

Durante la larga travesía hasta Pekín, que se tradujo en varias semanas se grabación, Jose tuvo muchos momentos “de encuentro con Dios”, la mayoría “al final de cada jornada, cuando se marchaba el personal del programa y, bien en la habitación o bien dando un paseo, tenía mis ratos de oración”. Alguno de los escenarios vistos durante el recorrido también ayudaron a encontrar esos espacios: “Estuvimos en un templo budista, y eso lo recuerdo como un momento fuerte. Ya antes, cuando coincidimos con un chamán en el lago Baikal, al sur de Siberia, fue también un lugar de recogimiento para mí. Y lo mismo cuando visitamos algunas iglesias ortodoxas…”.

Para Jose, la aventura se ha prolongado más allá del tiempo que pasó en el programa. La cita de los domingos por la noche, en casa, viendo el programa junto a Cristina, su mujer, y los primeros meses de su regreso a la docencia le hicieron volver a saborear cada etapa vivida. Además, el programa y su experiencia le han servido como material didáctico para sus clases, en las que alumnos y profesor han entrado en interesantes debates acerca del mundo de los valores. “En algunas me ha dado mucho juego. Y mi mayor sorpresa ha sido cuando me han llamado de otros centros, incluso de otras comunidades autónomas, para ofrecer mi testimonio a sus estudiantes”.

Con la pena de no verse enrolado en la nueva aventura televisiva de ‘La vuelta al mundo en directo’ que ahora está emitiendo otra cadena, Jose sigue viviendo su particular aventura diaria y mantiene viva la esperanza de dejarse ver -tal cual es- en una nueva oportunidad mediática.

En esencia

Un libro: La muerte: un amanecer, de Elisabeth Kübler-Ross.

Una canción: Imagine, de John Lennon.

Un deporte: el bádminton.

Un rincón del mundo: Mongolia.

Un recuerdo de la infancia: una profesora, María Ángeles.

Una aspiración: repetir una experiencia como la de ‘Pekín Express’.

Un deseo frustrado: viajar más.

Una persona: mi madre.

La última alegría: mis hijos.

La mayor tristeza: la muerte de mi madre.

Un valor: respeto.

Me gustaría que me recordasen por… ser como soy.

En el nº 2.650 de Vida Nueva.

Actualizado
27/02/2009
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