Laia de Ahumada: “Sólo se consigue algo con la lucha de base”

Escritora y responsable del Centro Heura

(Foto y texto: Glòria Carrizosa Servitje) Laia de Ahumada (Barcelona, 1957), doctora en Filología Catalana y escritora, casada, con dos hijos, se encontró hace diez años a un señor durmiendo en el portal de su casa. “El hecho de verlo cada día me interpelaba, quería hablar con él, pero no sabía qué decirle”, recuerda. Laia, junto con un grupo de voluntarios que se conocían de la parroquia de los Josepets, decidieron poner nombre a sus inquietudes. Y fue así como nació el Centro Abierto Heura, un espacio de atención primaria a personas sin techo que en enero ha cumplido 10 años. El balance no puede ser más positivo, han pasado de 14 a 60 voluntarios, y actualmente tienen una educadora gracias a un convenio con el Ayuntamiento de Barcelona. Es un centro pequeño, con cabida para 25 personas, y han notado la crisis económica: en 2008 atendieron a 60 personas más, un total de 283 usuarios.

Laia ha aprendido a hablar con personas muy castigadas socialmente: “El aprendizaje lo hemos hecho con buena voluntad y con mucha formación. Trabajamos desde el acompañamiento, dejando actitudes caritativas, tratando al otro tal y como te gustaría que te tratasen a ti”.

El centro abre todas las tardes, tienen duchas, ropero, locutorio, Internet y ofertas de trabajo; los martes ofrecen cena, y los viernes una merienda acompañada de una tertulia de actualidad y sesión de cine. Un día a la semana hay un taller de teatro y una coral formada por usuarios y voluntarios. “Antes teníamos un 70% de inmigración, y ahora vuelve a venir más gente del país. No tienen trabajo, no cotizan y no tienen un cojín social y familiar donde apoyarse”, explica Laia. Cada vez se habla más de personas sin hogar, término que abarca distintas situaciones irregulares con la vivienda. “Todos estamos hechos de un engranaje en el que encajan muchas piezas, alguna se puede romper, pero a ellos se les han roto todas. ‘Heura’ quiere ser el punto de partida de un itinerario personal de reconstrucción de la persona y de recuperación de la autoestima”.

La ‘tieta’ Teresa

¿De Ahumada no es el apellido de Teresa de Jesús? “En mi casa siempre ha habido un cuadro de la Biblioteca Nacional donde pone ‘Perteneciente a la familia Ahumada'”. Según el árbol genealógico de la familia y lo que le ha explicado su padre, Laia es descendiente de santa Teresa, aunque el documento que lo acredita se perdió durante la Guerra Civil. “En casa siempre la llamamos la tieta. Nos une una misma pasión por la vida y Ávila es uno de los lugares por los que más me gusta pasear. El mensaje de santa Teresa y san Juan de la Cruz está muy presente en mi vida, y los he podido entender mejor gracias al lenguaje zen”. Y es que Laia se define ‘de tradición cristiana, pero vitalmente interreligiosa’: “Siento que hay un único Dios y me siento en absoluta comunión con las personas de otras religiones”.

Su libro más conocido es Monges (Fragmenta, 2008), en el que, a partir de la pregunta “¿Cuál es tu deseo más profundo?”, transcribe diversos testimonios que “han sorprendido mucho a personas no creyentes que desconocían que las monjas pudiesen vivir experiencias tan interesantes”. Ahora estudia un centenar de autobiografías inspiradas en el Libro de la Vida de santa Teresa. “La mujer es la voz de la experiencia, y si la experiencia es la mística, entonces estos dos términos van muy unidos. Con Monjas ha pasado algo similar a lo que ocurrió en el siglo XVI con místicas alemanas y francesas, se ha abierto una ventana que les ha permitido hablar”.

Una recomendación: que las mujeres estudien y se formen para poder dar su opinión. De Ahumada considera que el carisma de la mujer aún está muy desaprovechado en la Iglesia: “No creo que en el mundo occidental haya una institución tan masculina como la Iglesia”. Pero ella no pierde ni un minuto con la crítica: “Sólo se puede conseguir algo con la lucha de base”.

En esencia

Una película: Un lugar en el mundo, de Adolfo Aristarain.

Un libro: Confieso que he vivido, de Pablo Neruda.

Una canción: Cada loco con su tema, de Serrat. 

Un deporte: esquí nórdico. 

Un rincón del mundo: la ermita Sant Salvador de Bellver (Oris).

Un recuerdo de la infancia: el mar. 

Una aspiración: vivir.

Un deseo frustrado: no tengo ninguno.

Una persona: mi compañero. 

La última alegría: compartir con los hijos. 

La mayor tristeza: dejar personas atrás.

Un sueño: un mundo más humano, más místico y más femenino. 

Un regalo: una pluma o una flor. 

Un valor: el Amor por encima de todo. 

Me gustaría que me recordaran… por lo que he amado. 

En el nº 2.649 de Vida Nueva.

Actualizado
20/02/2009
Compartir