Malcolm Ranjith: “La Iglesia se hace más fuerte cuando es perseguida”

Secretario de la Congregación para el Culto Divino

(Texto y fotos: Darío Menor) El arzobispo Malcolm Ranjith, uno de los asiáticos más influyentes de la Iglesia católica, cumple tres años en el cargo de secretario de la Congregación para el Culto Divino. Su entrada en la Curia fue el segundo nombramiento importante de Benedicto XVI, desde su llegada al solio pontificio. El Papa encontró en monseñor Ranjith (nacido en Sri Lanka en 1947), la persona de peso que buscaba para que cuidase la liturgia. Tras el período de trabajo bajo las órdenes del cardenal nigeriano Francis Arinze, ahora recibe al cardenal Antonio Cañizares como nuevo prefecto de la Congregación para el Culto Divino.

¿Qué le ha parecido el nombramiento del cardenal Cañizares para liderar el dicasterio?

Estamos muy contentos. Es una persona muy capaz e inteligente, que comprende perfectamente la mentalidad del Santo Padre sobre la cuestión litúrgica, por lo que podrá interpretar con acierto su voluntad. Era necesario que llegara una persona de altísimo nivel y de la confianza de Benedicto XVI, y así ha sido. 

¿Se conocían ya antes usted y monseñor Cañizares?

Sí, aunque no mucho. Hemos mantenido algunos encuentros en los últimos años. Le aprecio muchísimo y estoy muy contento de que guíe la Congregación.  

Hábleme de la labor que realiza la Congregación para el Culto Divino. ¿Es difícil el cuidado de la liturgia?

El problema, como Benedicto XVI ya advertía en su época de cardenal, es la interpretación errónea o pobre de la liturgia. Lo que pide el Papa no es sólo una vuelta a la liturgia del pasado; él dice que es necesaria una comprensión completa de todos sus matices y del importante servicio al Señor que conlleva. Cuando se toma conciencia de la forma de preparar y vivir la liturgia, ésta adquiere una mayor dimensión. El Papa mismo, en una carta apostólica, ha dividido la liturgia en tres clases: la que se cree, la que se celebra y la que se vive. No se trata de un momento de cordialidad y asamblea en el que se convive con el prójimo; la liturgia es una entidad espiritual y eterna. Es el instante en que la persona se relaciona con el Señor y su fe cambia. Esto nos ayuda a liberarnos de nuestro pequeño mundo. Tiene un efecto liberador desde una perspectiva espiritual, en el interior y el exterior de la persona. Sin embargo, si la liturgia se lleva a cabo de forma banal, se está incurriendo en un problema. 

Católicos en Asia

Cambiemos de tema. ¿Cómo se produjo la llegada del cristianismo a Asia?

El catolicismo penetró en Asia en dos oleadas distintas. La primera está ligada a la riquísima tradición evangelizadora de la Iglesia de Oriente y tuvo lugar gracias a los misioneros que, partiendo desde la ciudad de Edessa (situada al sur de la actual Turquía), se dirigieron hacia el este por la ruta de la seda. Llegaron hasta China. Luego existe la tradición católica en el sur de la India, gracias a la llegada de santo Tomás. Esta primera oleada mantuvo una apertura hacia las culturas locales, de las que asumieron algunas tradiciones y costumbres. Con este proceso, la Iglesia en Asia se enriqueció. Las persecuciones a los cristianos comenzaron en esa época, en los tiempos de Gengis Khan. El segundo gran momento de llegada del catolicismo a este continente tuvo lugar con los poderes coloniales, que llegaron buscando especies. Los europeos arribaron como comerciantes, pero en seguida llegaron también misioneros que evangelizaron en las actuales India, Pakistán, Bangladesh y Sri Lanka, hasta Japón.

¿Piensa que Asia sigue siendo un territorio de evangelización, como decía Juan Pablo II?

El mundo necesita la evangelización y es nuestra obligación presentar el gran mensaje de Cristo a todos. Es nuestro deber como cristianos, no podemos esconder el tesoro del conocimiento de Cristo y de la salvación para nosotros solos. En Asia, sólo el 3% de la población es católica, por lo que la evangelización es una realidad que no podemos olvidar. Después del Concilio Vaticano II, esta evangelización ha adoptado diversos matices. Debe estar más centrada en una declaración de vida, en la proclamación que viene reforzada con el propio testimonio. La palabra debe ser una fuerza dinamizada a través del ejemplo de la vida. Luego existen otras cuestiones, como la inculturización, el diálogo interreligioso o la promoción humana, que deben ser tenidas en cuenta. En Asia hay mucho terreno para evangelizar y la gente sencilla está dispuesta a escuchar. 

¿Considera usted que la evangelización es una de las causas de los recientes episodios de violencia contra los cristianos?

No se puede generalizar. La evangelización ha existido en Asia desde el inicio del cristianismo. La hostilidad no viene de la gente, que aprecia la Iglesia en la mayor parte de los países por el servicio que cumple en la educación, la sanidad y la caridad. Las persecuciones se deben al despertar nacionalista en algunas zonas, un proceso que está siendo politizado. Es normal estar orgulloso de la propia cultura, pero cuando se produce una instrumentalización, pueden producirse situaciones en las que la mayoría ataque a las minorías. Este proceso se está dando en diversos países, en algunos de forma más violenta y en otros más pacífica. La cuestión de fondo es política: hay quien utiliza las diferencias para obtener poder. 

¿La instrumentalización política de las diferencias de las que habla puede llevar a una desaparición de los cristianos en Asia?

No creo, porque, al contrario de lo que pueda parecer, se trata de una situación de oportunidad para el cristianismo. Cuando existe persecución, el cristiano refuerza su fe. Se produce un efecto opuesto al que busca el opresor. Además, no hay que olvidar que la sangre de los mártires es semilla para la fe. Los cristianos tenemos, además, la seguridad de que la vida no termina en este mundo. Nuestra existencia aquí es el camino hacia la eternidad. Por eso, los cristianos estamos dispuestos a morir por nuestras creencias. No soy pesimista respecto a la situación actual. La Iglesia se hace más fuerte cuanta más persecución haya. No se puede creer que el cristianismo vaya a desaparecer de Asia porque ahora haya un brote de opresión. Ya estamos allí desde hace siglos. 

En Asia, el catolicismo convive con el budismo, el hinduismo y el islam. ¿Con cuál de estas religiones resulta más fácil la relación?

Las tensiones existen en todos los sentidos. Antes se decía que el budismo era el más tolerante, pero no creo que se pueda universalizar esta posición. El budismo más puro, el que Buda predicó, sí que es tolerante, ya que él decía que no se aceptara ninguna doctrina sin criticarla, ni siquiera la suya. El problema es que, en algunas ocasiones, sus discípulos no siguen sus enseñanzas. En Occidente se dice de forma simplista que el budismo es la religión más tolerante, pero de la forma en que se profesa en algunos países asiáticos no es así. En Sri Lanka, por ejemplo, hay partidos políticos budistas y los propios monjes se sientan en el Parlamento como diputados. En algunos casos, cuando las religiones están en mayoría, sienten la amenaza de las minorías, por lo que quieren deshacerse de ellas. Cuando esta diferencia se intrumentaliza por motivos políticos, comienzan las persecuciones. Desde hace unos 60 años, el cristianismo acepta la presencia de otras religiones en las zonas donde es mayoría, como Occidente, pero en otros muchos sitios, las otras fes no actúan de la misma manera. Es un error, ya que la existencia de otras religiones se debe ver como un elemento de riqueza, no como una amenaza. Sólo de esa forma puede nacer un diálogo interreligioso verdadero, que acepte las diferencias. Eso no significa que caminemos hacia el relativismo o el sincretismo; debemos estar convencidos de que nuestra fe es el único camino hacia la salvación. 

¿Qué efecto ha tenido en Asia la llegada de sectas pentecostales que dedican grandes sumas de dinero para animar a la conversión?

Creo que son una amenaza para el cristianismo. Se trata de un fenómeno muy visible en los últimos 25 años. Llegaron, sobre todo, de los Estados Unidos con mucho dinero y, viendo la pobreza, comenzaron a ayudar, pero con el objetivo de la conversión. De esta forma, han afectado tanto a los budistas, musulmanes e hinduistas como a los católicos. Sus conversiones también llegan a la población católica, a la que convencen con dinero, trabajo u otros bienes terrenales. Para los budistas no hay apenas diferencias entre las sectas y los católicos, por lo que reaccionan contra todos nosotros debido a la acción de estos grupos pentecostales. Así, echan a perder las buenas relaciones interreligiosas que hemos cimentado en décadas. 

En el nº 2.645 de Vida Nueva.

Actualizado
23/01/2009
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