Beatificado en Cuba José Olallo, ‘un campeón de la caridad’

La subida a los altares del religioso de San Juan de Dios es el primer acto de este tipo que se celebra en la isla

(Araceli Cantero Guibert– Miami) El 28 de noviembre, Cuba dejó a un lado las penurias causadas por los recientes huracanes para celebrar un día de fiesta y alegrarse con la beatificación de uno de sus hijos. El acto tuvo lugar en una plaza pública de Camagüey, ciudad donde fray José Olallo Valdés (1820-1889) vivió como religioso de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios y en la que dejó un testimonio de 50 años al servicio de los enfermos y los más pobres.

Presidió la celebración el cardenal José Saraiva Martins, prefecto emérito de la Congregación para las Causas de los Santos, quien presentó al nuevo beato como “un campeón de la caridad cristiana”,  que vivió en solidaridad con quienes llamaba sus hermanos predilectos: los más pobres. Por eso, pidió a todos “aprender del beato Olallo la virtud de saber confiar en Dios, de saber amar al prójimo de forma universal”. La imagen del religioso, aunque enmarcada en el siglo XIX, sigue teniendo hoy una actualidad sorprendente, pues proviene de la eterna juventud del amor cristiano, del que los beatos y santos son los testigos más convincentes, reconoció Saraiva.

El enviado papal alabó del P. Olallo “su entusiasta fidelidad a la vocación hospitalaria como enfermero diligente y esmerado, solícito y cercano para con todos, dedicado en particular a los marginados y a los más enfermos, para su curación física y social, psicológica y espiritual, en un momento histórico en el que la sociedad camagüeyana sufría una gran pobreza y miseria”. Y añadió que la beatificación del religioso “es un hito para la Iglesia en Cuba y para todo el pueblo cubano”, que quiere y necesita confiar en Dios, mucho más hoy día “frente a una cultura materialista que se va imponiendo y que deja de lado a los débiles y desamparados”. 

Un momento emotivo de la celebración fue la procesión de las ofrendas, en la que tomó parte Daniela Cabrera Ramos, quien con 3 años fue milagrosamente curada por intercesión del padre Olallo. En una entrevista publicada en Palabra Nueva, revista de la arquidiócesis de La Habana, la joven había expresado que le daba “gracias a Dios de haber sido elegida para un milagro, porque en la sala del hospital había otros muchos niños, tan enfermos como yo, y que murieron”. Y añadió que le pedirá “que a mi papá le llegue un buen trasplante de riñón y se pueda curar”.

El cardenal Saraiva leyó la carta apostólica enviada por el Papa, en la que declaraba beato al religioso y señalaba como fecha de su fiesta el 12 de febrero, día de su nacimiento. Después se descubrió una imagen y se entregó una urna con sus restos que, al final de la ceremonia, fueron llevados en procesión hasta el Hospital de San Juan de Dios en donde vivió el padre Olallo al servicio de todos. 

Un siglo de devoción

En 1887, el nuevo beato sufrió un aneurisma abdominal y murió dos años después. Entonces, miles de camagüeyanos acompañaron sus restos hasta el cementerio. En una colecta pública, le dedicaron un parque, dieron su nombre a una calle y le construyeron un mausoleo al que todavía hoy acuden los devotos a pedir ayuda e intercesión.

Olallo es el segundo beato cubano. Otro cubano, José López Piteira, fue beatificado en 2007 junto a 497 “mártires” por la fe, asesinados durante la II República y la Guerra Civil en España.

Junto al cardenal Saraiva, presidieron el acto el cardenal Jaime Ortega Alamino, arzobispo de La Habana; el arzobispo de Camagüey, Juan de la Caridad García; y el nuncio en Cuba, Luigi Bonazzi.

Participaron, asimismo, todos los obispos del país, así como prelados cubanos en otros lugares: Felipe Estévez, auxiliar de Miami, y Pablo Varela, auxiliar en Panamá. También monseñor Octavio Ruiz, vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina, sacerdotes, diáconos, religiosas y religiosos, un gran número de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, con su superior general, fray Donatus Forkan, al frente. 

Y junto al pueblo de Dios en Cuba, acudieron fieles de los Estados Unidos, España, México y Venezuela…, además del presidente de la República, Raúl Castro; Caridad Diego, jefa de la Oficina para Asuntos Religiosos del Comité Central; Eusebio Leal, historiador de la ciudad de La Habana; y representantes de las autoridades civiles en Camagüey. Era la segunda vez que Raúl Castro participaba en un acto religioso desde su nombramiento como presidente. Para algunos observadores, estos gestos son indicio de una relación más fluida con la Iglesia. De hecho, el diario Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista, se hizo eco de la beatificación, retransmitida también por la televisión estatal.

En el nº 2.639 de Vida Nueva.

Actualizado
05/12/2008
Compartir