La mayoría de los obispos apoyó la Constitución de 1978

Se cumplen treinta años de libertad religiosa en España

(Vida Nueva) “Consideramos que no se dan motivos determinantes para que indiquemos o prohibamos a los fieles una forma de voto determinada (…) esperamos que las leyes que han de desarrollar las normas constitucionales no turbarán la conciencia de ningún ciudadano“. Con este mensaje de esperanza se pronunciaban los obispos en relación a la Constitución española, en la que, entre otras cosas, se garantizaba la libertad de las confesiones religiosas y se reconocía que lo religioso “no se agota en el ámbito íntimo del individuo”. Lo hicieron a través de una nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal, que luego fue asumida por la Asamblea Plenaria. El sacerdote y escritor Juan María Laboa hace memoria en el próximo número de Vida Nueva (nº 2.639) de la posición que adoptó la Iglesia en aquel momento histórico.

No obstante, en aquella nota, además de reconocer los valores del texto consensuado por los partidos mayoritarios, los obispos mostraban sus reservas sobre los artículos referidos a la enseñanza y el matrimonio. Y es que durante la redacción del artículo, Juan María Laboa subraya que los prelados habían señalado una serie de valores fundamentales a defender, tales como el respeto a la vida humana desde el seno materno, la tutela de la moralidad pública, el acceso de todos a la cultura y libertad de enseñanza y la atención a los pobres, entre otros.

Laboa nos recuerda que hubo también voces en el Episcopado que se opusieron abiertamente a algunos puntos incluidos en el proyecto constitucional, como hizo el entonces obispo de Cuenca, Guerra Campos, quien en una carta pastoral atacó la ausencia de Dios y de la inspiración cristiana en el texto, comparándolo con las Leyes Fundamentales, que sí estaban sometidas a Dios. Otra pastoral, escrita por el arzobispo de Toledo, Marcelo González, y asumida por nueve obispos, denunciaba además que en el texto “se abría una puerta al aborto, a la inestabilidad familiar y a la falta de libertad de enseñanza”, tal y como señala Juan María Laboa.

Asimismo, el autor recuerda el papel relevante que jugó el cardenal Tarancón en aquellos años, quien sugirió en una homilía ante el nuevo Rey que la colaboración entre Iglesia y Estado a favor del interés general podía ser una buena alternativa a la confesionalidad tradicional. “Han de ser razones de bien común las que que priven en el momento de votar”, dijo el purpurado de cara al referéndum que finalmente dio luz verde a la Carta Magna.

Más información en el nº 2.639 de Vida Nueva o en vidanueva.es. Si es usted suscriptor, lea el texto íntegro aquí.

Actualizado
04/12/2008
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