Carlos Mencos: “Buigle es como una catequesis”

Creador de www.buigle.com

(Maria Nieves León) Muchas personas pasamos horas enteras trabajando en el ordenador. Escribimos, buscamos información, contenidos, mapas, dibujos. Y nos apoyamos en los buscadores comerciales que están en la red. El ciberespacio se ha hecho un lugar recurrente en nuestras vidas.

Buigle es un buscador católico. Su autor, Carlos Mencos, periodista e informático navarro, creó esta herramienta para ayudar a la autofinanciación de la Iglesia, que la dejará más libre de las dependencias políticas. Él recogió la iniciativa de un grupo de católicos de Pamplona, sensibles a la modificación de las ayudas que la Iglesia recibe en España (en virtud de la cual a partir de ahora el porcentaje de la asignación tributaria destinado a la Iglesia se incrementa al 0,7%, pero se deja de percibir el complemento presupuestario del Estado). Detrás de esta iniciativa no hay organismo alguno. Mencos insiste: “Buigle no pertenece ni a Google ni a ninguna empresa, aunque utiliza su motor de búsqueda”. Él se hará cargo de hacer el donativo íntegro de los ingresos generados por la publicidad que Google introduce en las búsquedas. En principio, lo ingresará en su diócesis, Pamplona y Tudela, pero el proyecto se puso en marcha el pasado 23 de marzo y, dada la masiva utilización del buscador por parte de los internautas, se prevé que el destino de los donativos pueda ampliarse a toda la Iglesia española. La información de estas cuentas se incluirá mensualmente en Buigle, para transparencia y conocimiento de todos los usuarios.

El origen del nombre responde a algo tan sencillo como ‘bu’ de buscador e ‘igle’ de iglesia. Carlos está sorprendido de la buena y amplia acogida que está teniendo. Ha recibido un aluvión de felicitaciones y le alegra porque, aunque no ­sabe cuánto se podrá recaudar, “sea lo que sea, siempre será bienvenido cada euro, en un mundo en el que cientos de millones de personas malviven con un dólar al día”.

Esta herramienta de búsqueda en Internet se convierte en un punto de encuentro para miles de personas que tienen los mismos sentimientos y sirve para manifestarse a favor de la labor de la Iglesia, que a veces queda bastante escondida en nuestra sociedad. Pero además, desde un punto de vista empresarial, no se detiene. Cada día llegan nuevas solicitudes de posibles clientes que quieren aparecer en www.buigle.com. Éstos son los que contribuyen materialmente al éxito de esta iniciativa, lo que, por otra parte, tiene sus riesgos. ¿Qué hacer cuando llegan anunciantes con los que a la Iglesia no le gustaría colaborar, como los relativos al sexo o al porno, tan visibles en toda la red? Su director lo tiene claro y explica que ha creado un filtro para evitar estos patrocinios.

Responsabilidad

Carlos, que tiene 29 años, está volcando en esta aventura los conocimientos adquiridos en su experiencia eclesial. Entre otras cosas, es catequista de Confirmación y conoce perfectamente el mundo de los jóvenes, con quienes conecta muy bien. En cierto sentido, entiende Buigle como una catequesis, porque requiere “una inmensa responsabilidad y que se aten todos los cabos”.

Ésta tampoco es su primera incursión en Internet; ha realizado la web www.jacobeo.net, que le ha permitido unir su interés por la informática con su pasión por el Camino de Santiago, algo que le viene de herencia familiar y que le ha llevado a escribir varias guías sobre diferentes rutas jacobeas.

Aunque últimamente, confiesa, todo el tiempo libre que tiene lo dedica a una única actividad: mimar a su mujer (está casado desde hace un año) y a su “retoñito”, Íñigo, que acaba de cumplir un mes y medio.

En esencia

Una película: Con la muerte en los talones, de Alfred Hitchcock.

Un libro: Era medianoche en Bhopal, de Dominique Lapierre y Javier Moro, sobre el accidente químico de 1984 que costó la vida a unas 30.000 personas en la India.

Una canción: From this moment, de Shania Twain.

Un deporte: el senderismo.

Un rincón del mundo: cualquier lugar tranquilo.

Un deseo frustrado: la carrera de Historia.

Un recuerdo de la infancia: los veranos sin preocupaciones en el pueblo.

Una aspiración: ser un buen padre.

La última alegría: el nacimiento de mi hijo.

La mayor tristeza: la muerte de uno de mis catecúmenos.

Un sueño: reducir el hambre a cero.

Un regalo: ¿pueden ser días de 48 horas?

Un valor: la caridad.

Que me recuerden porque… hice el bien que pude.

Actualizado
13/06/2008
Compartir