Isabella Castillo y Rocío León: “Nunca se puede perder la alegría”

Protagonistas de ‘El diario de Ana Frank’

(María Gómez– Foto: Luis Medina) A primera vista, no es fácil identificar cuál es la pequeña y cuál la mayor: Isabella tiene una fuerza increíble en los ojos y ni su cuerpo ni sus gestos son los de una preadolescente, y la cara aniñada de Rocío y su dulzura despistan un poco de su verdadera edad. Es en el transcurso de la conversación cuando se revela que Isabella Castillo ha cumplido 13 años y que Rocío León tiene 23. La primera sueña con Hollywood y la segunda aspira a seguir aprendiendo. Ambas coinciden en que son demasiado jóvenes para tener deseos frustrados. Lo que les ha reunido es otra niña que ha pasado a la historia como modelo de alegría y coraje.

Ambas protagonizan el musical El diario de Ana Frank. Un canto a la vida, que se representa en el Teatro Häagen Dazs–Calderón de Madrid desde el pasado febrero. “¿Hace tanto?”, pregunta incrédula Isabella sin dejar de reír. “Disfruto tanto en el escenario que no me daba cuenta”.

Sus trayectorias difieren bastante: Isabella, nacida en La Habana de padres artistas (su madre es la cantante Delia Diaz de Villegas y su padre es músico, actualmente en la orquesta de la obra), se presentó al casting de El diario… sin muchas perspectivas. “Cuando me cogieron por poco me da algo”. Su experiencia como cantante en diversos certámenes le ha dado las tablas suficientes para enfrentarse a su primera interpretación con seguridad, dando vida a una Ana Frank enérgica, divertida y sensible, y con una poderosa voz que sorprende y pone en pie al público.

Como hermanas

Los días que le toca descansar, Rocío toma el relevo, si bien su papel habitual es el de Margot, la hermana mayor de Ana, “una chica muy inteligente, muy consciente de lo que la rodeaba y más calmada. Es un privilegio poder interpretar la historia desde dos papeles tan distintos”. Licenciada en Arte Dramático en la ESAD de la capital, se subió a los escenarios con 16 años y desde entonces compagina teatro y televisión, “pero nunca nada de esta dimensión”.

En lo que coinciden es su admiración por Ana Frank, “por su esperanza, su optimismo y sus ganas de vivir. Yo siempre confío en que todo va a salir bien –señala Rocío– e incluso cuando pasa algo malo pienso que se va a arreglar. Además, yo también soy muy familiar”. Isabella, por su parte, comprende a Ana (que tenía su edad cuando escribió su famoso diario, escondida, junto con su familia, de los nazis durante dos años en una buhardilla en Amsterdam) cuando decía que “se sentía sola y que nadie la entendía; todos los adolescentes han pasado por eso. Y otra cosa que me encanta de ella es que nunca perdió la fe. Yo soy cristiana protestante, creo en Dios completamente, y ella nunca perdió la alegría ni la esperanza. Creo que eso es lo que llega al corazón de la gente”.

Destilan complicidad como si sus papeles de hermanas hubieran trascendido la escena. Para matizar las repuestas, Rocío traduce alguna pregunta al inglés, que perfeccionó en los Estados Unidos y que es el idioma de Isabella, porque desde muy pequeñita se fue a vivir a Miami con sus padres exiliados, y allí ha dejado a sus abuelos, “a los que extraño mucho”.

Quizá hoy le cuenten algo nuevo a sus respectivos diarios. El de Rocío “son más bien escritos esparcidos”. Isabella susurra: “Yo tengo uno, pero está escondido”.

En esencia

Una película: Isabella: Titanic y El diario de Noa. Rocío: El cielo sobre Berlín.

Un libro: Isabella: Holes, de Louis Sachar. Rocío: Las uvas de la ira, de Steinbeck.

Una canción: Isabella: Send in the clowns, de Barbra Streisand. Rocío: All babies are born saying God’s name, de Sinead O’Connor.

Un deporte: Isabella: Tenis. Rocío: Andar en bicicleta.

Una frustración: Isabella: Ser bailarina. Rocío: Algunas amistades perdidas por el camino.

Un recuerdo de infancia: Isabella: El parque de atracciones con mi mejor amiga. Rocío: El circo.

Una aspiración: Isabella: Juntar a toda mi familia y vivir feliz. Rocío: Ser feliz.

Una persona: Isabella: Mi familia. Rocío: Mi tía Inés.

La última alegría: Isabella: Mi perrito, que me acaban de traer de Miami. Rocío: Alén, el hijo de mi mejor amiga.

La mayor tristeza: Isabella: La muerte. Rocío: La injusticia consciente.

Un sueño: Isabella: Ganar un Oscar, un Grammy y tener una mansión. Rocío: Una casa junto al mar y tocar el violonchelo al amanecer.

Un regalo: Isabella: Un poema bonito. Rocío: Buenas películas y buenos libros.

Un valor: Isabella: La bondad. Rocío: La sinceridad.

Que me recuerden… Isabella: como a una chica que entiende a las personas. Rocío: Por ser.

Actualizado
30/04/2008
Compartir