Óscar Alonso: “A nosotros se nos ha llamado a sembrar”

Pedagogo

(María Gómez) “Del Evangelio a mí me queda muy claro que no hay parábola del cosechador, sólo del sembrador, y eso para un educador es muy importante. Si estamos en la dinámica de cosechar, nos hemos equivocado”. Podría sonar a discurso de persona derrotista o indiferente, pero Óscar Alonso es, más bien, todo lo contrario. Basa estas palabras en su propia experiencia: ha sido profesor de Secundaria y Bachillerato durante cuatro años, durante otros cuatro trabajó en la Pastoral Universitaria en Barcelona, y luego “tuve la suerte” de coordinar la acción pastoral de tres colegios de los franciscanos conventuales.

Y a la vez que asegura que “lo más complejo es formar equipos de docentes que crean en el proyecto pastoral de los centros”, afirma que es una labor apasionante: “La Cuaresma es siempre la misma, pero el pastoralista está obligado, y es su vocación, a proponer una Cuaresma distinta todos los años. Lo necesario es ganas de trabajar y una gran dosis de creatividad”.

Su labor en los colegios, en contacto con alumnos y otros docentes, su actual trabajo como editor de libros de Religión en la editorial SM, su propia formación académica, sus lecturas… suman años de amplia investigación que recientemente ha podido volcar en el libro Acompañar. El acompañamiento pastoral a los adolescentes en la escuela (PPC). “Es una recopilación de intuiciones de otros puestas al servicio de algo en lo que creo y sobre lo que, además, no hay casi nada escrito, lo cual denota cómo durante años cada uno ha ido haciendo lo que ha podido”.

Óscar cita a muchos autores; lo hace en el libro, con referencias a pastoralistas y educadores, principalmente, pero también en la conversación cotidiana, porque “uno es muy deudor de lo que le han enseñado los demás”. Por eso no tiene reparo en repetir frases de otros, como aquélla que le oyó a Mamerto Menapace y que le ha orientado en su tarea de acompañante: “Siempre que te dicen ‘no’, dejas abierta la posibilidad a muchos otros ‘sí’”. O la que le leyó a José Luis Corzo, sobre que “no hay pastoral de los centros, sino que todo el centro es pastoral”. O, más íntima, la que llegó en un complicado momento y que incluye en la dedicatoria de su libro, a su hermano Iago, “verdadero hermano menor”.

Pilares sólidos

La familia, “saber que sólo tu familia es aquello que no te falla nunca”, es uno de los tres valores fundamentales para este madrileño de 35 años. Los otros dos: “El valor de la itinerancia, saber que hoy puedes estar aquí pero mañana no, y el valor de la desapropiación, saber que puedes disponer de las cosas pero sin atarte a ellas”.

Su espíritu abierto quizá se lo debe a san Francisco de Asís, “me cambió la vida, y sigo siendo franciscano en muchas cosas de mi vida” (estuvo con los franciscanos conventuales durante 15 años), pero la entrega y la generosidad no siempre tienen que entenderse como algo positivo: “Me cuesta mucho decir que no. Lo de la asertividad lo he descubierto tarde”. Igual que no tiene que considerarse negativo otro de sus rasgos definitorios: “Soy muy rebelde, pero con causa, con fidelidad, porque confío en algo plenamente”.

Exigente y concienzudo (a esta entrevista acude con un montón de notas), la última ‘aventura’ en la que se ha embarcado, en lo profesional, es recorrer España explicando algunas de sus intuiciones sobre el acompañamiento a chavales, de la mano de las reconocidas Jornadas de Pastoral de FERE-CECA, este año tituladas El móvil de Jesús y que este fin de semana están en Valencia. Es un buen lugar para encontrarse con antiguos alumnos que se han convertido en educadores y certificar que “esto merece la pena, y eso da un gusto pastoral…”.

En esencia

Una película: Designios del corazón, sobre unas monjas asesinadas en El Salvador en los años 80.

Un libro: El principito.

Una canción: el Réquiem de Mozart es espectacular.

Un deporte: la natación.

Un deseo frustrado: terminar de aprender a tocar el piano y aprender idiomas.

Un recuerdo de infancia: jugar con mi hermano en casa a muchas cosas.

Una aspiración: ser feliz y, en la medida que pueda, hacer que los demás lo sean.

Una persona: mis abuelas, Antonia y Ascensión, por su ejemplo, su entrega generosa, su sacrificio, su tiempo y su cariño para conmigo.

La última alegría: ver que una intuición mía tiene acogida, como en las Jornadas de FERE.

La mayor tristeza: mis propios fracasos personales.

Un sueño: que todo el mundo pueda vivir en paz.

Un regalo: tener salud para estar con los que quieres.

Un valor: soy muy trabajador; a veces trabajo mal, pero trabajo mucho.

Que me recuerden por… haber aportado algo a los demás.

Actualizado
18/04/2008
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