Plasencia busca jóvenes que vivan ‘por Jesús’

En una Carta “desde el afecto”, el obispo Rodríguez Magro cuenta su experiencia

(Victoria Lara) No se trata de una carta pastoral al uso. El obispo de Plasencia, Amadeo Rodríguez Magro, ha querido dirigirse a los “jóvenes de cualquier edad” –como reza el subtítulo del documento– en un lenguaje sencillo, cercano, “desde el afecto” y reconociendo incluso cierto “temor” a que su mensaje no sea comprendido, pues “me dicen que no hay casi ningún espacio para la fe en vuestra vida”. La confianza en Jesús, que “no deja a nadie indiferente”, es lo que mueve al prelado a escribir esta carta titulada Él murió por ti, vive tú por él.

Rodríguez Magro introduce a los jóvenes en el mensaje que les quiere transmitir, contándoles su propia experiencia con Jesucristo, labrada desde la infancia, junto a sus padres y hermanas, y enriquecida gracias a la labor de los sacerdotes de su parroquia y de sus maestros. Sus vivencias en el seno de la Iglesia las resume así: “He tenido la inmensa fortuna de conocer a Jesús en persona. Y es a Jesucristo a quien te ofrezco, porque, si no lo hiciera, no lo habría conocido de verdad”.

En ese ofrecimiento de Jesús se esmera en el siguiente epígrafe, insistiendo en que “es modelo de amor perfecto, porque vino a mostrar el amor infinito de Dios”. Un Amor que el obispo de Plasencia considera como “el tesoro y la perla preciosa por la que merece la pena dejarlo todo”. Ese sentimiento es, como recuerda también el prelado, el que ayudó a Jesús a soportar el sufrimiento hasta su muerte, una muerte que ofreció por todos nosotros: “Sufrió y murió por ti. Ese ‘por ti’, escuchado por nuestro corazón, puede cambiar la vida, pues nos hace comprender que soy tan querido por Jesús que sufre y muere por mí”.

A partir de la comprensión de ese sacrificio por parte de los jóvenes, Amadeo Rodríguez les explica que en ellos surgirá la necesidad de hacer algo por Cristo, “descubrirás que todo lo tuyo ha de ser para Jesús, que tu vida es suya”. Ahí sitúa el prelado el comienzo de un camino que, tal y como advierte, no será fácil, porque existirán “enemigos” que le harán caer en la tentación del pecado. Para ayudarles en esa andadura, el autor les recomienda que conozcan e imiten a los santos y que se fíen de la Iglesia, porque “en ella hay amigos del Señor que te aconsejarán para que nunca dejes de vivir por Él”. Por último, el autor de la carta propone a la Virgen María como “modelo y guía para el encuentro con Jesucristo”, a la que dedica una oración con la que concluye su escrito.

Actualizado
03/04/2008
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